Sin fin

Sábado 14 de junio

por Fatima Mazú Sifuentes

En mayo tuve la oportunidad de estar de nueva cuenta en mi segundo hogar, el querido Albergue. Como siempre había mucha actividad, pero está vez había una ambiente más especial, se estaba preparando la caravana que saldría el primero de junio.

Ello me permitió convivir con algunos de sus participantes y me tocó la fortuna de conocer a quien asumiría una responsabilidad muy importante: representar a las mujeres.

Lo hizo muy bien; con valentía compartió con propios y extraños parte de su vida y de su experiencia en el camino. Nada grata por cierto.

Me he de disculpar de antemano con los lectores de estas líneas, porque son escritas con profunda indignación, coraje, tristeza, decepción, rabia e impotencia, pero ante lo ocurrido me cuesta reaccionar de mejor manera.

Me resulta surrealista -por describirlo de alguna manera-, que días después de haber participado activamente en la caravana, abriendo su corazón para tratar de servir de ejemplo de lo que pasa a muchas hermanas migrantes, haya caído en manos de quienes ponen precio a la libertad y a la vida.

La inseguridad para nuestras hermanas y hermanos sigue latente. Quienes son secuestrados tienen rostro, nombre y apellido, tienen historia, no son sólo números y parte de estadísticas.

Estamos hablando de personas, niñas, niños, adolescentes, mujeres y hombres que arriesgan su vida creyendo que en el Norte podrán encontrar lo que en su tierra no tienen, ya sea la posibilidad de vivir sin miedo, obtener algo más que comer que frijoles y arroz, poder ayudar para que sus hijas e hijos o hermanas y hermanos estudien o tengan un techo propio, para que sus padres no padezcan más precariedades.

Todas y todos arriesgan la vida en el camino, cruzando por un país donde la autoridad se hace la ciega y la sorda. Porque no importa cuantas reuniones y foros se organicen; no importa que diputados, senadores y gobernadores reconozcan en los medios que es una tragedia lo que ocurre.  Nada de eso importa cuando no hacen nada más que simular que se conduelen y no actúan para evitar tanto sufrimiento.

Todas y todos arriesgan la vida para llegar a un lugar donde no los quieren, no son bien recibidos, son discriminados, donde únicamente hay soledad, pero los trabajos son pagados con el billete verde que tiene más valor que la persona misma.

Hay momentos en que las circunstancias nos sobrepasan, este es uno de esos puntos. Sin embargo, debemos mantenernos fuertes, con fe y esperanza de que todos los esfuerzos valen la pena. No obstante es duro, muchas lágrimas son derramadas en el intento. Cada vez es más difícil y dolorosos tolerar la indolencia, la simulación y la injusticia.

Paola, y todas las mujeres que tú representas, no vamos a permitir que tus lágrimas, gritos y esfuerzos sean en vano.

El Chapin que quiere conocer el mundo

Por Martha Pskowski

13 de Abril 2014

(English below)

 

Ya terminé de estudiar aleman,” Christian me dice el día que regreso al albergue. “Ahora estoy estudiando francés. Comment allez-vous?”

 

Me fui dos meses del albergue, pero no me soprende mucho la noticia. Christian ya habla fluidamente inglés y español y su autoaprendizaje del aleman, con la ayuda de un par de voluntarios germanos, estaba avanzando cuando yo estaba todavía en el albergue.

 

Christian ama las idiomas, pero no sólo los idiomas hablados, sino también el lenguaje de una receta deliciosa o el aroma que nos recuerda la casa familiar. Ël sabe que las palabras son sólo una manera de expresarnos. Cada idioma es una puerta a mundos distintos y formas de saber, un camino para tener otra identidad.

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Junkyards, Joe Arpaio y Reggaeton: El Camino del Colocho

19 de marzo 2014

Por Martha Pskowski

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Lo más difícil para Armando de estar en el albergue es no haberse movido durante tanto tiempo. El 13 de marzo cumplió un año aquí. Simplemente esperando. Ha estado en tránsito desde los diez años y cumplió veintitrés aquí en Ixtepec. Puede ser cualquier día en el que reciba sus papeles y pueda trabajar legalmente en México y será libre de moverse por el país sin el miedo de Migración. Pero hasta entonces sigue esperando con paciencia. ¿Por qué espera? Porque no hay muchas más opciones.

La cara de Armando es bien conocida y querida en el albergue. Siempre con una sonrisa tierna, siempre unas palabras bonitas, especialmente para las chicas. Camina por el centro de Ixtepec, su pelo con gel, como si fuera el jefe del pueblo. Si los motes son un indicador de la popularidad, Armando es Señor Hermanos en el Camino, Gonzalo, Colocho, Negro… y así sigue la lista. Cuando nos conocimos, al mes me contó su historia. Tan dura que no hubiera podido imaginarla a través de su cara sonriente. Una realidad triste de muchos huespedes del albergue.

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A la distancia

Miercoles el 5 de febrero 2014

Escrito por Fatima Mazú Sifuentes

Estar en Estados Unidos, lejos de tantas personas que quiero y de mi segunda casa, el Albergue, me ha permitido reflexionar sobre lo que significa migrar, y en cierto modo, desarraigarse.

Después de dos años compartiendo miradas, sonrisas, esperanzas, sueños y miedos, respeto aún más a todas y todos los que toman la decisión de buscar algo distinto.

En México, cerca de la casa donde crecí, pasa el tren; no sé qué ruta cubre, pero cuando me tocó estar cerca, no vi que hubiera migrantes montados en los vagones, persiguiendo su sueño. En donde estoy ahora, Haileah, Florida, también pasa el tren; por su puesto, que aquí los migrantes no pueden subirse.

Cada que escucho el ferrocarril no puedo dejar de pensar en las cientos de personas que están convencidas de que salir es su única opción. Sin embargo, la realidad que se enfrenta en Estados Unidos es dura. Sigue leyendo

Un Hondureño en San Pancho

Por Alex Mensing

28 de enero 2014

English below.

Antes de dejar atrás al Albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, Oaxaca, platiqué con algunas de las personas que trabajan ahí sobre mi plan de viaje. Cuando mencioné que me iba para San Francisco, California, en los Estados Unidos, surgió el idea de que yo buscara ahí a algunos migrantes que viajado en el tren y llegado hasta allá.

Pues déjame decirles que no es asunto fácil encontrar a gente que, por sus propias circunstancias (la falta de documentos migratorios, entre otras), no suelen querer llamarle la atención a nadie.

Pero todo es posible, y he aquí la historia de Alan, migrante hondureño quien compartió generosamente sus palabras para que las leyeran las personas interesadas y solidarias del mundo. Cómo me encontré con Alan es todo un cuento, pero será para otra ocasión…

A los 13 años de edad, Alan se lanzó para los Estados Unidos. Eso fue en el año 1995 o 1996. ¿Por qué te viniste? le pregunté. Resulta que él es de un pueblo con una historia muy fuerte de migración.

“Andáte a El Pedernal,” me dice Alan. “Ahí vas a llevar todas las historias, que ahí hay más de mil mojados. Es de donde viene más gente de todo el mundo para Estados Unidos. Se llama El Pedernal, Honduras.”

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La geografía muy rara de La Bestia

Domingo 12 de enero 2014

Escrito por Martha Pskowski

English below/Ingles debajo

Estoy en la oficina, no está haciendo demasiado calor hoy, corre la brisa. “El siguiente por favor. Pásale,” llamo hacia la fila fuera de la oficina.

El registro en el albergue se convierte en algo típico y rutinario. Cada dos días, a cualquiera hora del día o la noche, el tren llega de Arriaga, Chiapas. L@s voluntari@s se juntan en la oficina, list@s para recibir a los migrantes que van llegando. Algunos días solo es un chorrito, otros es un aguacero.

Él es un poco viejo, quizás cincuenta, con pello gris y corto y un ojo estropeado. Empezamos con la rutina. “Como se llama usted?” “De que país viene?” Después me preguntó, “Where are you from?” (“De donde viene?”).

“I am from the US,” respondí. Soy de Estados Unidos.

“Where in the US?” preguntó. De que parte?

Muchos saben algo de ingles y cuando ven mis rasgos de guera me hablan así. Pero no hay tantos que pueden seguir una conversación más larga y estoy interesada:

“Maryland.”

“Maryland?” dijo, de repente sonriendo.

“Yes, I’m from Maryland. Do you know Maryland?” Si, soy de Maryland, conoce Maryland usted?

“Yes, yes, that’s where I was living. I was living in Rockville.” Si, si, estaba allá. Estaba en Rockville.

Ahora me toca estar sorprendida.

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“En cualquier momento puedes perderlo todo”: La historia de Nerlin

Lunes el 23 de diciembre

Escrito por Martha Pskowski

Inglés abajo/English below

Nerlin Martinez, de 23 años de edad, creció en Copán, Honduras, donde están las famosas ruinas Mayas. Turistas de todos rincones del mundo visitan esas ruinas, y Nerlin trabajaba como chófer de moto-taxi y guía. Pasó unos días de noviembre alojado en el Albergue Hermanos en el Camino, aquí en Ixtepec, Oaxaca. Conociendo gente de Francia, Italia y otros países, surgió para Nerlin el deseo de conocer mundo. Aprendió algo de inglés en su trabajo y quiere seguir haciéndolo.

Nerlin me contó su historia una tarde soleada en el Albergue. Ocupaba sus manos haciendo un flor con una lata y sonrió durante toda nuestra conversación. Había llegado hacía dos días en su camino hacia el norte.

Más allá de la curiosidad, las condiciones económicas fueron las que impulsaron a Nerlin a salir de Honduras. El turismo disminuyó a causa de la situación económica mundial y la inestabilidad política en su país. Tiene dos hermanas mayores, un hermano menor y una mamá a los que quiere apoyar.

De repente, sus años de trabajo en Copán se desvanecieron: “Un fuego quemó todo. Todo para lo que había trabajado, mi televisión, todo… Pensé que era mejor irme. Podría quedarme trabajando en Honduras pero en cualquier momento puedes perderlo todo.”

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