Estoy aquí para amar y servir

“Estoy aquí para amar y servir” Originaria de Puebla, Pamela German Rojas, de 21 años de edad, estudiante de la Carrera de comunicación. La sonrisa y alegría es lo que la distingue y eso  lo que recibimos  todos  los que estamos a su lado.

-Llegue aquí para realizar mi servicio social en agosto de este año, pero el estar aquí va más allá de cumplir con un requisito académico, el estar aquí es el  amar y servir al otro  sin esperar nada a cambia así como  encontrarte a ti mismo en los ojos de los demás

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¿Que nos hace diferente? ¿Si todos y todas somos iguales porque dicen que unos son ilegales?

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“Es imposible quedarse tranquila sin hacer nada sabiendo lo que significa el paso por México para las y los Centroamericanos ” Originaria del Estado de Chihuahua, Maria Goretti Espíndola De la Vega de 21 años de edad, llego por segunda ocasión al Albergue Hermanos en el camino en febrero del 2015.

¿Que nos hace diferente? ¿Si todos y todas somos iguales porque dicen que unos son ilegales?Estas y otras preguntas son las que impulsaron a Goretti a venir y prestar un servicio.

“No les voy a arreglar la vida ni solucionar todos sus problemas, pero tengo en claro que cualquier acción por mínima que sea ayudara a que su camino sea un más simple y esperanzador, en ocasiones no sé si yo los ayudo a ellos o ellos me ayudan a mí, el estar aquí es un dar y recibir, es  entregar lo más puro y simple que tenemos que es el amor, es el hacer las cosas desinteresadas y recibir una sonrisa a cambio”

Es entregar el don más grande que tenemos que es el Amor

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Originaria de El Salvador,  Eligia Ayala, llego al albergue hace a medidos del 2014, siempre presente en el servicio a los demás  cariñosa, dispuesta a entregar todo por el amar y servir, Hermana de la congregación  Ángel  de la Guardia.

El estar aquí es  poner al servicio todos los dones que Dios me ha regalado  y poderlos  compartir con los mas pequeños y necesitados

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“El ser voluntario , es hacer las cosas con amor”

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Estudiante de Comunicación, originario del estado de México Rodrigo David Fernández Pérez  llego al albergue  en agosto del 2015,  hubo diferentes motivos que lo impulsaron a venir aquí,  su interés por el tema de la migración había ido en incremento en los últimos meses, así como el   hecho de poder servir a personas que necesitaban alguna clase de apoyo.

“ El ser voluntario , es hacer las cosas con amor, teniendo en mente una oportunidad de cambio, es apoyar sin esperar  recibir nada a cambio, es un modo de vivir en responsabilidad, amor, disciplina y servicio.”

Es el trabajar desinteresadamente, para ayudar a cambiar las condiciones de vida

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Originaria del Estado de México, Jessica Cardenas Canuto promotora de Derechos Humanos dentro del Albergue , llego a este  en Marzo del 2014, siempre dispuesta a ayudar, escuchar y dar consejos,

“El estar aquí es el trabajar desinteresadamente, para ayudar a cambiar las condiciones de vida o las problemáticas de cierta población o lugar, es el apoyar por el simple hecho de querer algo para los otros pero a la vez también la retribución no es monetaria sino espiritual.”

Es el contraponerse a la idea del trabajo interesado y con una retribución monetaria, es estar aquí por amor

Ser voluntario se aprende dentro del mismo voluntariado

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Hace poco más de un año llegó Yuri Aron Inocente Escamilla, desde El Salvador a México, para estudiar la Maestría en Ciencias Sociales con especialidad en estudios rurales en el Colegio de Michoacán.

Como parte de su trabajo de investigación sobre el “Viacrucis de Migrantes”, Yuri estuvo dentro del voluntariado del Albergue “Hermanos en el Camino” del 9 de julio hasta el 16 de septiembre en donde realizó talleres de fotografía con varios sectores poblacionales que existen dentro del mismo albergue. Así mismo, Yuri estuvo vinculando su estancia dentro del albergue con la problemática que se vive en su país de origen y cómo México se vuelve el país de tránsito.

Para él, ser voluntario se aprende dentro del mismo voluntariado; no se concibe como “solucionador de problemas” sino como alguien que viene a aprender lo que significa el darse a los demás. Por último, Yuri tiene la oportunidad de conocer a más gente de El Salvador que se le vuelven referencia de casa.

Las distancias y las fronteras no existen

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Cuando hablamos de ayudar a los demás, las distancias y las fronteras no existen; eso es lo que Sara Bilotto Pons lleva a cabo desde febrero que llegó de España al Albergue “Hermanos en el Camino”. Su estancia en esto es indefinida, ya que ahora forma parte del nuevo Albergue “Menores en el Camino” en la ciudad de Oaxaca, que asistirá a menores no acompañados durante su paso por México. 

Ella dice que para cambiar al mundo hacen falta acciones que realicen verdaderos cambios; si todos formamos parte del mismo mundo, todos deberíamos  ser felices. Y ser voluntaria, desde su perspectiva, tiene que ver con el hecho de servir a la gente por el simple placer de hacerlo sin recibir nada a cambio.

Sin fin

Sábado 14 de junio

por Fatima Mazú Sifuentes

En mayo tuve la oportunidad de estar de nueva cuenta en mi segundo hogar, el querido Albergue. Como siempre había mucha actividad, pero está vez había una ambiente más especial, se estaba preparando la caravana que saldría el primero de junio.

Ello me permitió convivir con algunos de sus participantes y me tocó la fortuna de conocer a quien asumiría una responsabilidad muy importante: representar a las mujeres.

Lo hizo muy bien; con valentía compartió con propios y extraños parte de su vida y de su experiencia en el camino. Nada grata por cierto.

Me he de disculpar de antemano con los lectores de estas líneas, porque son escritas con profunda indignación, coraje, tristeza, decepción, rabia e impotencia, pero ante lo ocurrido me cuesta reaccionar de mejor manera.

Me resulta surrealista -por describirlo de alguna manera-, que días después de haber participado activamente en la caravana, abriendo su corazón para tratar de servir de ejemplo de lo que pasa a muchas hermanas migrantes, haya caído en manos de quienes ponen precio a la libertad y a la vida.

La inseguridad para nuestras hermanas y hermanos sigue latente. Quienes son secuestrados tienen rostro, nombre y apellido, tienen historia, no son sólo números y parte de estadísticas.

Estamos hablando de personas, niñas, niños, adolescentes, mujeres y hombres que arriesgan su vida creyendo que en el Norte podrán encontrar lo que en su tierra no tienen, ya sea la posibilidad de vivir sin miedo, obtener algo más que comer que frijoles y arroz, poder ayudar para que sus hijas e hijos o hermanas y hermanos estudien o tengan un techo propio, para que sus padres no padezcan más precariedades.

Todas y todos arriesgan la vida en el camino, cruzando por un país donde la autoridad se hace la ciega y la sorda. Porque no importa cuantas reuniones y foros se organicen; no importa que diputados, senadores y gobernadores reconozcan en los medios que es una tragedia lo que ocurre.  Nada de eso importa cuando no hacen nada más que simular que se conduelen y no actúan para evitar tanto sufrimiento.

Todas y todos arriesgan la vida para llegar a un lugar donde no los quieren, no son bien recibidos, son discriminados, donde únicamente hay soledad, pero los trabajos son pagados con el billete verde que tiene más valor que la persona misma.

Hay momentos en que las circunstancias nos sobrepasan, este es uno de esos puntos. Sin embargo, debemos mantenernos fuertes, con fe y esperanza de que todos los esfuerzos valen la pena. No obstante es duro, muchas lágrimas son derramadas en el intento. Cada vez es más difícil y dolorosos tolerar la indolencia, la simulación y la injusticia.

Paola, y todas las mujeres que tú representas, no vamos a permitir que tus lágrimas, gritos y esfuerzos sean en vano.

El Chapin que quiere conocer el mundo

Por Martha Pskowski

13 de Abril 2014

(English below)

 

Ya terminé de estudiar aleman,” Christian me dice el día que regreso al albergue. “Ahora estoy estudiando francés. Comment allez-vous?”

 

Me fui dos meses del albergue, pero no me soprende mucho la noticia. Christian ya habla fluidamente inglés y español y su autoaprendizaje del aleman, con la ayuda de un par de voluntarios germanos, estaba avanzando cuando yo estaba todavía en el albergue.

 

Christian ama las idiomas, pero no sólo los idiomas hablados, sino también el lenguaje de una receta deliciosa o el aroma que nos recuerda la casa familiar. Ël sabe que las palabras son sólo una manera de expresarnos. Cada idioma es una puerta a mundos distintos y formas de saber, un camino para tener otra identidad.

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Junkyards, Joe Arpaio y Reggaeton: El Camino del Colocho

19 de marzo 2014

Por Martha Pskowski

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Lo más difícil para Armando de estar en el albergue es no haberse movido durante tanto tiempo. El 13 de marzo cumplió un año aquí. Simplemente esperando. Ha estado en tránsito desde los diez años y cumplió veintitrés aquí en Ixtepec. Puede ser cualquier día en el que reciba sus papeles y pueda trabajar legalmente en México y será libre de moverse por el país sin el miedo de Migración. Pero hasta entonces sigue esperando con paciencia. ¿Por qué espera? Porque no hay muchas más opciones.

La cara de Armando es bien conocida y querida en el albergue. Siempre con una sonrisa tierna, siempre unas palabras bonitas, especialmente para las chicas. Camina por el centro de Ixtepec, su pelo con gel, como si fuera el jefe del pueblo. Si los motes son un indicador de la popularidad, Armando es Señor Hermanos en el Camino, Gonzalo, Colocho, Negro… y así sigue la lista. Cuando nos conocimos, al mes me contó su historia. Tan dura que no hubiera podido imaginarla a través de su cara sonriente. Una realidad triste de muchos huespedes del albergue.

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